Sí amigos, se llama Luna y ya forma parte de nuestra vida. Ya es una más de casa. Sí, al fin llegó el día en que de nuevo una peluda vuelva a caminar por los pasillos de casa. Y aquí y hoy os la presento.
Se llama Luna y el destino, ese en el que uno a veces no tiene más remedio que creer, la puso ayer en nuestras manos. Al igual que hizo Noa en su momento, nos conquistó con su mirada tierna y con su menudo cuerpecito suave y aterciopelado. No supimos decir no. ¿O no pudimos? ¿O no quisimos?
Ese destino del que hablaba, hizo que precismanente ayer Sábado, que fuimos la familia en pleno a hacer una de nuestras visitas mensuales a La Pedriza. Según el plan que llevaba, había que partir del aparcamiento del Tranco dentro del mismo pueblo de Manzanares el Real. El destino, una pequeña obsesión que tengo metida en la cabeza desde hace mucho tiempo: llegar al Elefantito, ese gran desconocido para mí, a pesar de los años que llevo pateando la Pedra. A pesar de eso no conozco ninguna de esas grandes maravillas que oculta pero que sé que me tiene reservadas.
Aparcamos junto al Restaurante El Tranco, nos presentamos allí como clientes para comprar unas bebidas y hacer unas cuantas preguntas sobre el recorrido, y salimos de allí como amigos de Merche y Salva que son quienes lo regentan. Dos personas increibles, dos nuevos amigos para siempre. Sin duda.
Todo empezó porque nos llamó la atención la perra que tenían en el interior del local. A raiz de eso, supimos que acababa de parir unos seis o siete cachorros apenas hace un mes, y Merche los estaba regalando. Dicho y hecho, nos sacó a esta perrita para enseñárnosla. ¡En qué hora lo hizo! ¿Y para qué contar más? A Miriam, se le cayó la baba cuando la vio y más cuando la tuvo en sus brazos. Todo un momentazo como cabe imaginar. No hacía falta decir "sí". Ya estaba dicho desde que Isabel la tuvo en sus brazos. Y con la casualidad añadida - ¿cosa del destino también? -, de que se llamaba Luna. Exáctamente el nombre que Isabel tenía reservado para le perrita que algún día sucedería a Noa.
Así de simple. Así de inesperado. Así de rápido. Sin tenerlo planeado ni por asomo. Fuimos a disfrutar de una bonita excursión con una climatología privilegiada para lo avanzado del mes de Octubre en que estamos, y volvimos habiendo adoptado a una perrita que ya forma parte de nuestras vidas. Salimos cuatro de casa, y volvimos cinco. Como hace unos años cuando ibamos a La Pedriza con Noa. Siempre cinco.
¿Cuatro peluches?
Antes de llegar a casa, hicimos una parada para comprarle lo mínimo necesario para pasar su primera noche en su nuevo hogar. Su primer juguete, su primera cama, y su primera comida.
Durmiendo apaciblemente tras la cena. Anoche no hubo perrita recién llegada a casa. Ni un lloro en toda la noche. Hoy nos ha despertado temprano, pero a eso estamos acostumbrados.
Nació un 14 de Septiembre. Apenas tiene cinco semanas.
¿Y la excursión senderista por la Pedra?, diréis.
Pues sí, la hubo. Y fue un éxito. Un éxito que merece ser
contado a parte. El protagonismo de esta excursión,
se lo ha llevado Luna por mayoría absoluta.
Volvemos a ser cinco en casa. Volvemos a empezar.





