¿Se puede llevar a cabo la preparación de un Maratón completamente en silencio y sin decir una palabra?
¿Se puede estar en la séptima semana de dieciséis del entrenamiento programado, o lo que es lo mismo, haber cubierto dos docenas de sesiones y no haber dicho ni media hasta la fecha?
Yo lo he hecho. Lo estoy haciendo. Ahí voy, en silencio, sigiloso, discreto, en la sombra.
Pero también me encuentro perdido..no desorientado, porque aún sé dónde está el norte. Pero sí a ciegas y sin ber si llegaré al final del objetivo, al final de este viaje en el que me he embarcado con final en la línea de salida de Mapoma 2012.
Todo me está resultando difícil y más tortuoso de lo deseado. En pocas palabras, no estoy disfrutando de esto, de lo que me gusta, tanto como quisiera. Me encuentro luchando diariamente - sí, diariamente -, con la incertidumbre de si ha amanecido el día en que deba dar fin a este viaje, a este proyecto en el que tenía puestas tantas ilusiones.
Cada día que pasa procuro verlo como un nuevo amanecer de lo que queda por delante, y si será el que me dé el impulso necesario para continuar y seguir intentándolo. Creo que ese amanecer no llega. No lo veo claro. Las circunstancias personales con las que lucho, no me permiten verlo con la claridad necesaria. Pero sí veo que si al final decidi bajarme en marcha del objetiivo, lo voy a pasar peor. Tal vez sea esi lo único que me mantiene firme.
El año paado lo asumí, y no hubo dolor, pero este, no es lo mismo. Este año tenía que ser que sí.Y a fecha de hoy no sé lo que terminará siendo.
La necesidad del alquiler de un piso que me ha tenido agobiado durante semanas, y que por lo menos ya se ha resuelto, y los preparativos de una reforma general de la casa, que se me echa encima por momentos, u que de va a extender en el tiempo paralelamente al tiempo que queda de aquí a la celebración de Mapoma 2012, junto con unos turnos laborales bastante complicados, han hecho que estas primeras siete senanas de entreno se hayan convertido en un infierno con el que.no contaba. Me han minado la moral, con el agravante de saber que lo peor, en esta contrarreloj que ya está en marcha, está por venir.
En estas semanas transcurridas, he hecho barbaridades que están fuera de todo manual de la preparación de un Maratón, y todo ello con tal de intentar. no perder un tren que es de los que no te esperan. Solo en las cuatro primeras semanas, perdí la cuenta de las veces que tuve que doblar sesiones con tal de no perder entrenos. He entrenado con frío, con lluvia, con sueño... No he disfrutado mínimamente, que creo que debe ser lo principal en esto. Creo que no queda ninguna hora del día a la que yo no haya corrido o entrenado. A las 5, a las 4 y a las 3 de la mañana algunas veces, con tal de recuperar entrenos atrasados. Así hasta hoy. Y esto no es plan -nunca mejor dicho-. Solo las tiradas largas me devuelven la higiene mental que necesito.
Esto, con el añadido de no pisar el gimnasio tanto como hubiera querido y sin asistir a un mínimo de carreras a las que no debiera haber faltado. Desde la Sansil de Vicalvaro, no he podido ir a ninguna competición. Esto también me tiene muy marcado.
De rebote, todo esto no ha hecho otra cosa que llevar al Blog al estado de abandono en el que se encuentra. Una entrada en lo que va de año lo dice todo. No me queda tiempo para dedicarle. Ni en casi diez días que he tenido de vacaciones he podido enderezar el rumbo. Mientras, he tenido que ver cómo los demás seguían un buen programa de entrenos y competiciones, que yo estoy muy lejos de poder llevar a cabo.
Para colmo, tengo al Mister a ciegas. Se me averió el ordenador y ni he podido darle datos de los entrenos almacenados. Ni sé si pensar que me ha mirado un tuerto, pero si en lo que queda de aquí a fin de mes, la cosa no se endereza, me veré obligado a abandonar el barco. Y esto, con el dolor que sé que me va a causar. O esto toma otro color, o descarto Mapoma. Así de claro.