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martes, 22 de mayo de 2012

II Trofeo Menudos Corazones - 1 -




El resúmen de mis cuatro últimas carreras de unos meses a esta parte, incluido Mapoma 2012, se puede ver en esta foto. Basta verla para saber todo lo que ha pasado desde entonces hasta aquí. Y si no se ve, yo lo digo: Evolución positiva y grandes dosis de confianza. El penúltimo premio ha sido en el II Trofeo Menudos Corazones. Confío en que esto no se quede aquí y que continue como hasta ahora.

En 2011 la hice en 59'58'', este año me ha salido en 57'57'''. He raspado dos minutillos al crono, y disfrutando como pocas veces incluso con la dureza de esta carrera que si el año pasado me enganchó con sus cuestones, este año me ha enamorado para siempre. Volveré.

Ampliaré en próxima entrada.

martes, 21 de febrero de 2012

Cross Universidad Alcalá de Henares

18 Feb. 2012

Como primera experiencia de ver lo que es un Cross, mal no. Fatal, tampoco. ¡Lo siguiente! Pero como todo, había que probarlo. Y además, estaba anunciado y previsto, así que no me pilló demasiado de sorpresa.


Entré último en meta junto con una chica - luego supe que se llamaba Ana -, que también quedó rezagada y con el mismo propósito de terninarlo como yo, en un corriendo-andando - más andando que corriendo -, no dejó que me despegara de su lado en ningún momento en más de la mitad de la carrera. ¡Y sólo eran ocho kilómetros! Pero a los dos kilómetros ya supe lo que iba a ser el resto.

El Cross es un tipo de carrera que yo desconocía. Y yo cometí algunos errores que me pasaron factura. Viendo números más tarde lo vi claro. El primero, dejarme llevar por David que me aseguró que no había ido a hacerla rápida, sino tranquilito. Me engañó o es que yo no sé traducir todavía el término "tranquilito" que usan algunos. Tuvo que ser algo de eso. ¡¡Y una mmmm...!! En menos de dos kilómetros quemé más gasolina de la que yo puedo gastar  y me tuve que parar a coger aire y prerarme para sufrir lo que no está escrito en lo que quedaba de carrera. Todo esto, viendo cómo el grueso de corredores se alejaba por momentos. sin poder acercarme ni a los más lentos.

Nunca me he retirado en una carrera. Y esta no iba a ser la primera. Eso no está en mi manual y espero que si alguna vez tiene que pasar, que sea lo más tarde posible y por algo que lo justifique. Tirando de unos ánimos que me habían llegado horas antes de una buena amiga de Barcelona - Sonia -, me propuse terminarlo a cualquier precio. Incluso al de pasar con una vergüenza terrible por la línea de meta.



La verdad absoluta es que no tengo motivos para quejarme del recorrido, o mejor dicho, del terreno. Desde las ocho de la mañana, que ya estaba por allí, los tramos por los que estuve calentando, me gustaron muchísimo. Terminé por verlos asequibles. También es verdad que yo calenté a -2º y en el momento de la carrera a las 12:30 estábamos a 16-17º, que tampoco es excusa.

Yo no me puedo permitir salir desde el inicio a 5'. ¡Mira que lo he dicho veces! Pero sigo cayendo en ello. Llevo tiempo sin competir y le he perdido el puntillo a ese control del tiempo. Soy más de salir tranquilo - pero tranquilo de verdad -, ir entonando y después ir aumentando el ritmo progresivamente. Y ayer no me di cuenta de ir tan rápido en la salida. Y ayer 5'13" y 5' 32" rn los dos primeros. Sólo lo vi claro cuando ya era tarde para reaccionar y corregir el error. Al final, 58' mientras los demás estuvieron entre sus 30' y 40' habituales. Fatal.



No soy velocista, lo mío es la resistencia y las carreras largas. Pero bueno, algo he aprendido con esta carrera. Eso sí. Además, hay que probarlo todo. Espero que la semana que viene me salga mejor. Eso, a pesar de que ya me han dibujado el Cross de la Complutense como un Cross bastante más duro que este.

He tenido en cuenta consideraciones varias que me llevan a no darle a este capítulo más importancia que la que tiene. De primeras, el resultado me sentó como un tiro. Menudo rebote me pillé. Llegué a pensar que si para esto sirve lo que llevo hecho,  ¿cuánto más tengo que hacer? Eso de ver que las piernas no te van cuando más las necesitas sienta mal. Luego se me fue pasando. Y más aún después del cocido que nos metimos entre pecho y espalda.





Momentos de la carrera...

La mayoría de estas fotos es debida a la cámara de Jan, que hizo labores de reportero gráfico.
Más fotos de esta carrera debidas a Jan, aquí.






domingo, 1 de enero de 2012

San Silvestre Vicalvareña 2011

Soleada y alegre la mañana de ayer en Vicalvaro para recibir a los participantes en la San Silvestre Vicalvareña. En un ambiente de lo más festivo que se pueda imaginar, se desenvolvió la carrera de principio a fin. Una carrera que no conocía. Una carrera que espero repetir, por lo mucho que me ha gustado.


Pude saludar a amigos como Santi Caminero, Jaime Navarrete y Juan Antonio Esteban. Hacía mucho que no veía a estos últimos. En la post-carrera, pude conocer al penúltimo fichaje de Caprus - esto sigue siendo un suma y sigue -, Eugenio Ovejero. También pude compartir mesa de rehidratación junto al mismísimo Mario Carreras Vellisca, de quien llevo sabiendo desde hace años, pero sólo de leerle en el foro de Carreras Populares y otros lugares.



La carrera...

Tras las fotos de rigor, salimos en grupeta como es costumbre. Risas iniciales, buen humor, buen ambiente, buen clima... no sé una buena mezcla de cosas buenas que de pronto, cuando no llevábamos cubierto ni el primer kilómetro, pudieron ser el detonante de una necesidad que sentí muy dentro de mí. Quizá fue eso o... ¿fue otra cosa? No lo sé, pero sentí la necesidad, la llamada de hacer algo diferente. Iba a ser toda una aventura. Una aventura muy aventurada, Una apuesta muy fuerte, pero que necesitaba hacer. Y la hice. Sencillamente me escapé del grupo. La cosa empezó por adelantar a varios grupos de corredores y corredores sueltos, pero que "estorbaban" el ritmo que me pedía el cuerpo. Esos cambios de ritmo me dieron mucha alegría a las piernas. Y así, el corazón comenzó a imponerse a la cabeza.

En pocos minutos, mi ventaja fue aumentando respecto a los compañeros de Caprus. Había cada vez más metros entre ellos y yo. Y despegué, y me encontré muy bien haciéndolo. Me gritaban nada más empezar a dejarles atrás, pero Pepe sólo se volvió una vez  y fue para decirles que no había vuelta atrás. Se venían conmigo o me iba solo. Podía salir bien o podía salir mal, pero necesitaba intentarlo. Lo que no se intenta, no se puede saber. Siempre hay más tiempo de arrepentirse por no haber intentado algo, que de arrepentirse por haberlo hecho.

Eran sólo 8 kilómetros y creía que podía permitirme esa alegría para despedir el año. Un año, que en sus últimos tres meses se ha portado muy prometedor conmigo en lo que a lo deportivo se refiere. Me sentí tan ligero como una pluma y a por ello me lancé. De esta manera llegué a hacer el segundo kilómetro en 4:57 viniendo de un primer kilómetro en 5:56. Era mucho recorte, pero el terreno favorable de la calle San Cipriano me facilitó mucho las cosas. En las dos vueltas, a la altura del Metro de Vicalvaro, vi a Pablo, del GGM. La primera vez no pude chocar su mano, la segunda, me abrí un poco para poder hacerlo camino del kilómetro 5. ¡Un alegrón verle allí animándome!

El kilómetro 3 y a pesar de la cuesta de la calle Minerva, lo hice en 5:06. La batalla con el ritmo había ido bien hasta ahí. Tomando la recta de la calle Villablanca, decidí moderar algo para recuperar. 5:29 y 5:27 los K4 y K5. Sólo quedaban 3 kilómetros. nuevo apretón hasta el K6 en 5:05. Pero de nuevo me estaba esperando la cuesta de la calle Minerva, y esta vez ya no la subí con tanta alegría - 5:23 -. Y además sintiendo ya el aliento de los compañeros de Caprus en las orejas. Me estaban alcanzando.Llegué al K7 ya en la recta de Villablanca en 5:27. Luchando por mantener el ritmo de las series de 500 de hace unos días con Celina. Pero no era suficiente. Ahí ya no había gasolina para apretar más. Asumí que la aventura había terminado. Los compañeros se me pusieron a la par e incluso me adelantaron en el último kilómetro. Me animaban pero las piernas ya no tenían gas. Vi pasar de largo a Miguel con Merce, me desanimé un poco y ya no veía tan claro lo que hacía unos minutos parecía seguro. La verdad es que me lo llegué a creer. Santi Caminero me alcanzó y trató de tirar de mí, pero no pudo. Luego Juan Antonio Esteban, no se despegó de mí hasta pasar el arco de meta juntos. Intenté un último tirón entrando al estadio, pero era inútil. Me resigné a lo evidente. No había ni para un sprint, así que pasé el arco dignamente con un último kilómetro en 5:27.

Y aún así, feliz de haberlo intentado. Me salió la mejor carrera del año a ritmos rápidos, que era de lo que se trataba. Me puse a prueba, aposté fuerte, y creo que a pesar de perder, también he ganado algún puntito más de confianza en mí mismo y en que si quiero, puedo. No perdí la sonrisa por no conseguirlo. Había que intentarlo y lo hice, que es lo importante. Además, ¿cuándo he hecho yo kilómetros de menos de 5 minutos en una carrera? ¡Creo que nunca! Aunque esto era una charanga, no una carrera, pero ya que era para divertirse, eso fue lo que hice, divertirme a mi manera. En una carrera en serio o más larga, no creo ser capaz de hacer lo mismo. Ya veremos.

Total: 44:11 según mi crono, a una media de 5:22, que para mí veo más que aceptable.
Sigo viéndolo como una bonita forma de despedir el año. Es una buena forma de entrar en este 2012 donde me espera el reto de verdad, mi segundo Mapoma en el mes de Abril.

Pero ojo, no quiero pasar de largo la oportunidad que tuve de ver la puesta de largo oficial como Caprus, de la compañera Almudena Fernández. Que conste en acta que esta es la primera foto oficial con su recién estrenada camiseta Caprus. Guapísima, por cierto. ¡Bienvenida, Almu! ¡Ya eres una cabra!



Y ahoa sí... Ahora, sólo desearos...




jueves, 24 de noviembre de 2011

Comparaciones odiosas no, pero necesarias, sí.

Escenario: Medio Maratón de Moratalaz.
Comparación: No la hago sólo por mí, sino también por el compañero David.
Creo que estará de acuerdo con ella.

Noviembre 2010
David y yo entrando en la meta de
la prueba corta.
Yo iba para hacer la media. A los 4 ó 5 kilómetros
desistí de ello. No me encontraba y además hice
el burro en la salida, quemando un combustible 
que yo no me puedo permitir.
No sé ni cómo pude llegar a la meta.
Creo que si no tengo a David al lado, no lo consigo.
Noviembre 2011
Somos los mismos. Aunque no lo parezca.
Y para más inri, ambos hemos hecho el 
Medio Maratón completo.
Más kilómetros, más cansancio, más sufrimiento...
Viendo esas caras, cualquiera lo diría.

Lema del Mister: "Es que cuando las cosas se hacen bien,
y se cree en ellas..."
PD: No sé si es su lema, pero seguro que lo piensa.


martes, 15 de noviembre de 2011

Resaca del Medio Maratón de Moratalaz


Como dice mi amigo Manuel, pocas veces
una fotografía ha plasmado tantas emociones.


Esta fotografía de la mano de Pedro Pablo, compañero del Club Atletismo Caprus, resume muchas cosas. Y también va a marcar un antes y un después. Quisiera que fuera el final de otra etapa y el inicio de una nueva que comienza ya mismo.

Estoy ya oficialmente en el camino de lo que yo seguiré llamando Mapoma a pesar de los cambios que le quieren dar en aras de "modernizarlo". Mapoma 2012 me espera y ya he empezado a dar mis zancadas hacia él. Y estoy contentísimo por ello.

Jan, de nuevo muchas gracias por llevarnos a Manuel y a mí sobre ruedas los primeros diez kilómetros de esta carrera. Mandando, templando... ¡¡Eres un maestro, socio!!

domingo, 13 de noviembre de 2011

XXXV Medio Maratón de Moratalaz 13-Nov-2011

Caprus and Company se han hecho ver en Moratalaz
en una mañana preciosa y luminosa como estaba previsto.
El tiempo también ha acompañado fenomenalmente bien.

Mañana de Domingo genial. Infinidad de saludos y encuentros con amigos y conocidos por todas partes. En carrera, antes y después.
Inmejorable compañía hasta el K10 con Jan y Manuel - Motivación Runner -. De ahí hasta el final, solos Manuel y yo para pelear con lo que quedaba. Jan se bajó del autobús por serias molestias en la espalada.

Hubiera acompañado encantado a Merce, que era la idea inicial, pero el 1:55 que se había marcado como objetivo, no era mi tiempo. No esta vez. No hubiera cumplido mi objetivo que era terminarla. Más aún sabiendo que al final el 1:55 fue 1:50. Entonces estoy seguro de que no hubiera podido.

Mercedes, eres una fiera. Te felicito de corazón. Eres una leona disfrazada de cabra. Miguel, vaya trabajo el que haces con cada uno de nosotros. Gracias, Míster.

Hicimos los primeros 10 K en 56' según le oí decir a Manuel. Me sorprendí con eso y tampoco esperaba que la segunda mitad fuera mejor. Tampoco sé cómo pudimos hacerlo porque siempre fuimos a ritmo de tran-tran. Pero no entraba en los planes apretar en la segunda mitad, que es como suele hacerse. La meta seguía siendo terminarla. Mis sénsaciones no me hablaban de poder pegar ningún tirón en mi ritmo.

Gracias Jan, por marcar los ritmos en todo momento para dosificar las fuerzas. Fundamental para amarrar los 21 kilómetros de la carrera. Gracias, Manuel por la infinita paciencia que has tenido conmigo en algunos momentos flacos. Creo que me has dicho que era tu cuarto Medio Maratón. Y te he visto tan fresco y terminar tan feliz, incluso asegurando que la repetirás, que tu felicidad también la he hecho mía.

Momentazo de la mañana, y sin desmerecer los muchos que he vivido a lo largo de ella, y que no han sido pocos, el que he disfrutado a la altura del K18, antes de rodear la Comisaría, Manuel me advierte que alguien me saluda desde la acera. Miro... ¡¡¡y era mi mujer!!!  ¡¡Dios!! ¡¡¡Se me aflojaron las piernas!!! Sin poder decir nada, por que me temblaba la voz, sólo pude tirarle un beso. A la vuelta, ya por ese lado, me acerqué para darle un beso. Es todo lo que pude hacer. No me salía nada. La emoción me tenía atenazado. ¡¡¡Vamos gordo, que tienes que terminar!!! Volví al lado de Manuel y seguimos adelante. Entended que es la primera vez que me ocurre esto. Nunca he tenido cerca a los míos en ninguna competición.

Quedaban los tres últimos kilómetros. Los más bonitos. Los que te llevan a Meta. Pero sabía que no iba a poder lucirme. Estaba muy tocado. Terminar seguía siendo la prioridad. Y al menos tenía la seguridad de que ibamos a terminar sonriendo. No hemos entrado esprintando, no había fuerzas para ello. Solo para salvar la honrrilla de terminarla. Pero hemos terminado muy, muy satisfechos y muy, muy contentos.Objetivo cumplido.

El año que viene, volveremos. Y entonces, el propósito será otro muy diferente. Estas cosas son así, pasito a pasito.

La de Moratalaz no es una carrera que le guste fácilmente a quien la hace por primera vez. A Manuel le ha encantado. Me alegro infinito de eso. Es un buen guerrero del asfalto.

El tercer tiempo, el de las risas y las cañas acompañadas de raciones variadas, también ha tenido su miga. Completísimo.

Y yo, me alegro de haber hecho por fin, si no una crónica, al menos un apunte de una carrera en el tiempo que hay que hacerlo.

Hoy he vuelto a ser muy feliz. Próxima parada, Carrera de Navidad de San Martín de la Vega. Al saber que la va a correr Jan, me he animado a hacerla. Otra que también hice de camino a Mapoma 2010.

A falta de tiempo oficial, 2:08:14. A una media aproximada de 6:06. Me sigue gustando correr.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Resacas del Medio Maratón de Montaña de Somosierra



Dos semanas después de esta pequeña hazaña, van apareciendo fotos que me ponen los pelillos de punta al verlas. Hablan por sí solas. En estas se puede ver la niebla de la que hablaba. Se puede ver también la alegría que llevábamos superada ya más de la mitad. Este avituallamiento era sólo de manzanas cortadas por la mitad y agua, pero para nosotros, un manjar.

Recuerdo cómo volábamos a partir de este punto.


 La llegada de dos grandes amigos.
Carlos Siguero y Jesuli.
¡Qué bonita esa última curva a derechas!

Quiero más pruebas de estas. Me tentaba y mucho la I Carrera del Cerro de la Marmota. Son 25 kilómetros que teoricamente también son asequibles, pero Celina con muy buen criterio, me lo ha quitado de la cabeza. Seguiré su consejo y puede que pruebe fortuna en algún que otro Cross universitario antes de emprender otra de estas aventuras.


Pero ahora, sólo tengo una cosa en la cabeza. Y no es otra que el 35 Medio Maratón de Moratalaz.
El Medio Maratón de casa. La niña bonita. Una carrera en la que lo que no falta nunca es el encuentro con muchos viejos y queridos amigos de esta afición. Entre otros, los GGM - Gran Grupo de Moratalaz -, de los que un día formé parte, y de los que aún me sigo sintiendo parte.


Este año seremos un buen puñado de cabras del Caprus, los que nos reuniremos en ella. A destacar el papel que va a hacer Merce, la santa del Mister, que debúta en la prueba, después de haber dejado patente que ya tiene más que dominados los diezmiles.

Fuera de mi cabeza cualquier marca en esta prueba, mi meta pasa por disfrutarla y sacarme la espina de no haber podido con ella el año pasado en que me tuve que conformar con el recorrido de la mini. No estaba yo lo fino que creía entonces. Ahora no es el caso. Me siento con más confianza y más entero. Por eso, correr con Merce codo a codo, me vendrá bien. A ritmo cómodo y con la confiaza de terminarla. Esta vez sí.

Crónica del VI Medio Maratón de Montaña de Somosierra

viernes, 4 de noviembre de 2011

VI Medio Maratón de Montaña de Somosierra


He tardado más de lo habitual en escribir esta crónica, porque como especial que ha sido esta carrera para mí, quería que también tuviera un tratamiento especial.



Tuve un Padrino de Maratón, Rafael González Martinez.
Ahora, tengo Madrina de Carreras de Montaña.
Celina Sánchez Tardío. Una extraordianaria deportista y atleta.
Un cielo de mujer, y amiga. Gracias, Celina.
¿Se puede pedir más?
LA CRÓNICA


¿Cómo podría hacer una crónica de algo que ni yo mismo me creo a las horas en que estamos y pasados tres días?
Creo que como mínimo, lo voy a intentar, empezando por decir que lo del Domingo en Somosierra , no fue más que una muestra más de que por atreverme, me atrevo con cualquier cosa.

Podría empezar por una anécdota...
Estaba un día el genial director de orquesta Glenn Miller dirigiendo a banda musical en una actuación, cuando en determinado momento, al son de Serenata a la luz de la luna, el público que estaba bailando en parejas, hizo un alto y le dedicó una fuerte y cariñosa ovación.. Entonces alguien dijo: "¡Parece que lo ha conseguido! ¡Fíjese en el público!" Alguien le contestó: "Tal vez no lo haya conseguido, pero ese, es el sonido."

Aquí se puede ver si apetece: Serenata a la luz de la luna. Es una escena de la película Musica y lágrimas, con James Stewart y June Allyson, dirigida por Anthony Mann.

¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir, que tras Somosierra, o con Somosierra, he crecido un poquito más como corredor de fondo. Mi límite de resistencia, ha ganado una muesca más. No sé si lo que hice en este Medio Maratón de Montaña - espero que el primero de muchos -, es para tirar cohetes o no, teniendo en cuenta el tiempo que invertí. Para mí, lo importante es que pude con él. No sé si es así como se hace, pero creo que ya sé cuál es la forma.de hacerlo. En otras palabras, creo que ese es el sonido. Y eso, ya es saber un poco más de lo que sabía antes.

Apenas unos minutos antes de salir de casa, me atreví a plasmar desde mi teléfono en el Facebook la siguiente frase: "¡¡Vámonos!! Quiero sentir en mis ojos la mirada de la montaña, y en mis venas el poder de la amistad. Buenos días. Va a ir por ti, Oscar."

Y por Oscar también fue, pero eso lo dejo para el final.

Esa frase que dejé en mi muro, venía al hilo de una frase buenísima que escribió Carlos Siguero unos días antes. Venía a decir algo así como que "Si la montaña te mira a los ojos, la montaña te conquistará para siempre". Y busqué esa mirada. Y la encontré. La encontré en el disfrute de lo que estaba haciendo allí. De principio a fin.¡Vaya que si la encontré! Y de fondo el abrazo de un espéiritu de amistad colectiva, que ya sabía de antemano que iba a encontrar y que en buena parte fue el "culpable" de que consiguiera mi objetivo.

AL MEOLLO... (A ver si lo consigo...)

En el coche de Rafa el Tibu, mis avispas impolutas, virgenes
e impolutas, sin saber lo que les aguardaba. ¡Pobreticas!


Sería injusto dejarle por completo a Cecilia, perdón Celina :-) el papel de  Madrina en mi estreno en pruebas de montaña. Lo sería porque tuve muchos Padrinos y muchas Madrinas esa mañana del Domingo. Y no sólo por parte de los que estaban allí. Empezaron a aparecer semanas antes desde todas partes, en forma de alientos y de ánimo. Todos han tenido su parte de "culpa", y a todos se lo agradezco por igual. Consiguieron convencerme de que era posible que lo consiguiera. ¡Pedazo de fé que tienen algunos!

A las 8:30 quedamos en la Vicalvarada Rafa el Tibu, el Mister y yo. A punto estaba de salir el Sol. Lo veríamos nacer ya en carretera. Quise verlo con ojos distintos a los ojos con los que he visto muchos amaneceres. Y lo conseguí. Me interesaba verlo como el nuevo amanecer de una época como corredor  que iba a empezar esa misma mañana. La ilusión por ello era grande. Y aunque me hubiera estrellado en el intento, no tenía previsto verlo como un fracaso. Eso nunca.

 El amanecer que pudimos ver en el viaje a Somosierra.

Así como vimos en el viaje un sol reluciente, según nos acercábamos a Somosierra, nos topamos con una niebla que cada vez era más palpable. Tampoco quise verla como el presagio de nada negativo. Si era lo que tocaba e incluso si llovía, pues nada, a afrontarlo y punto.


Allí nos esperaba una espesa niebla en la parte media alta 
de la montaña, que hacía barajar incluso la posibilidad de lluvia.
Al final nos respetó y tuvimos suerte.

Esta carrera, este tipo de carreras, es muy diferente a cualquier tipo de carrera de asfalto. En todo, en sensaciones, en la forma de disfrutarla, en la forma de interiorizar en tus límites y en tu propio yo. Lo que te rodea, las vistas, el aire que respiras, las fragancias que te inundan, el sonido de las pisadas en esos terrenos pedregosos, el crujir de las ramas bajo tus pies, el silencio, porque tambien lo hay, te secuestra los sentidos, la sensación de poder en los descensos, la satisfacción de coronar una subida por brutal que te resulte, el aire que te abofetea rabioso en la cumbre... Todo, absolutmente todo, hace de estas carreras algo especial. Son realmente el reto que tantas veces buscamos.

Esta carrera, no podría desmenuzarla por kilómetros recorridos como he hecho otras veces. Es imposible. Sólo fueron 21 kilómetros, pero creo que mejor lo haría por tramos, por metas conseguidas, que es como me aconsejaba Celina que la viera. Cada tramo una meta. Y es que Somosierra tiene muchas metas. Metas que cosechadas, te mantienen vivo y alerta para conseguir llegar a la siguiente, y así hasta la última, la gran meta final. Una meta que atravesé con un pedazo de sonrisa y de felicidad que no voy a olvidar nunca. Somosierra y yo tenemos que vernos las caras de nuevo. De eso estoy seguro.

¡Qué gran familia!
 
El comienzo no fue bueno en sensaciones. Todo era subir y subir y subir. Nada de lo que asustarse, porque era para lo que había ido. Nada que me sorprendiera pero que no esperaba tan de primeras. Noté una falta de aire en los pulmones muy exagerada. Celina trataba de convencerme de que todo se debía a la altura y a la falta de costumbre de moverme en ese entorno. Hice lo posible por asimilarlo, pero sentir esto en los primeros 3 ó 4 primeros kilómetros me hizo temer lo peor. Adaptando el paso al terreno que pisaba, conseguí sepultar esos miedos y continué mordiendo montaña. ¡A por todas!

En ese primer tramos de unos diez kiómetros, aproximádamente, que es lo que hay hasta Tres Provincias, la primera meta señalada con insistencia por Celina, tuve el gusto de conocer la "cuesta de su puta madre". Así como suena, es como la llaman. Bea me explicó el por qué, pero eso no lo voy a desvelar, El que quiera saberlo, que vaya allí, la suba y sabrá el por qué. Y garantizo que el nombrecito está más que bien adjudicado. Lo merece. Es de las que no se acaban nunca, de las que te hacen atesorar hasta el último aliento como el bien más preciado. La niebla no te dejaba ver más allá de 50 metros por delante. Espesa y envolvente. recuerdo que cuando llevábamos hechos 8 kilómetros miré el crono y me llevé la sorpresa de que habiamos invertido 1h28'. No tenía conciencia de que lleváramos tanto tiempo en ruta. El tiempo empleado en estas carreras tiene completamente otra dimensión. Ahí empecé a darme cuenta de ello.
Casi mejor que la niebla no dejara ver lo que faltaba para coronar la "cuestecita". Sorprendentemente los gemelos no se me cargaban ni a la de tres. No había fatiga en las piernas y eso me gustaba.

Carlos, que iba delante creo que con Suso y con Jesús, y yo, nos comunicábamos por balidos sin llegar a vernos. Las cabras de Caprus se sabían cerca, se adivinaban entre la niebla, pero no se veían. A cada balido unas risas. El buen rollito era patente. Buena señal. Terminada la cuesta llegó algo de llano donde por fin poder soltar las piernas. No era más que un engaño. Quedaba otro tramo de descomunal ascenso para coronar Tres Provincias. Corto pero contundente. La primera meta estaba cerca. Nada menos que la mitad del recorrido ya estaba hecha. ¡Casi nada!

Cuando le oí decir a Celina que aquello era Tres Provincias, sin terminar de ascender, me puse a correr como loco unos doscientos metros que era lo que quedaba para rematarla. A lo lejos se entreveían los coches del avituallamiento. ¡Dios, qué alegría tan inmensa! El viento soplaba de lo lindo allí arriba. Por suerte lo hacía a nuestras espaldas, que era de agradecer.No me imagino lo que sería si hubiera sido de cara. Choque de manos general por el logro de la primera meta. ¡Estábamos como motos! Cogí un puñado de galletas chocolateadas, que empuñé en una de mis manos y fui mordisqueando durante bastante tiempo mientras comenzábamos a bajar una cuesta bastante prolongada.


Aquí debo hacer un inciso. Al pasar al lado de un jeep antes de comenzar el descenso, me pareció ver por una de las ventanillas, una perilla que me era familiar. "No puede ser" pensé. Sin embargo volví sobre mis pasos y me acerqué al coche. Efecttivamente, era Juanlu. Qué susto al verle. Envuelto en una manta y aterido de frío. Acudió a la carrera después de pasar la noche con fiebre, y el cuerpo lo acusó más de lo que él esperaba. Se sintió débil y hubo de retirarse. Un apretón de manos deseándole lo mejor y a seguir la ruta. Luego en meta pude comprobar que se encontraba mejor. Incluso con mejor color de cara.

Adivino cierta satisfacción en mi rostro en el siguiente
avituallamiento después de Tres Provincias.
¡No era para menos!
Todos lo estábamos. Aquello estaba saliendo.

De ahí en adelante, no tengo ningún mal recuerdo especial de haber sufrido más allá de lo esperado. Dosificábamos las fuerzas caminando donde había que caminar, y corríamos donde podíamos hacerlo. Estas carreras son así. En los tramos de descenso, es donde yo me encontraba a mí mismo. ¡Cómo me lo paso bajando a ritmo de tiqui-taca! Es algo especial, es volar, es sentirme libre, ligero, etéreo... ¡Yo qué sé! Las piernas se ponen en automático y van solas, sorprendiendome de lo que son capaces a cada zancada. En los tramos llanos disfrutaba sincronizando el trote con el de Celina. Qué sensación más agradable correr a su lado. Qué facilidad de ir dejando metros de terreno atrás. El grupete que formábanmos, ibamos haciendo continuamente "la goma". Siempre esperándonos unos a otros ajustando el ritmo según lo ibamos necesitando para reagruparnos. Riéndonos de todo, de nosotros mismos,

El siguiente tramo que me quedó grabado en mi registro de recuerdos, fue el de la pista de los troncos, unos troncos cortados y amontonados en el márgen izquierdo del sendero. Ese terreno era un contínuo sube y baja, perfecto para poner a prueba la fuerza mental de un corredor como yo, que lucha por mantenerse firme y no flaquear.más de lo necesario. Allí funcioné a base de ponerme pequeñas metas. Más o menos iba diciéndome a mí mismo: "Hasta allí". Y una vez que llegaba "allí" me volvía a decir a mí mismo: "Vale, y ahora un poco más". A veces, ese "poco más" eran a lo mejor unos doscientos metros más de la referencia elegida. Eso me alegraba bastante. Esto antes no podía hacerlo. Si decía "Hasta allí" era para llegar hasta allí y ponerme a caminar. Ahora me veo que llego "Hasta allí" y que puedo hacer un poco más. Ese fue otro de mis pequeños descubrimientos en Somosierra. Algo a lo que le tengo que sacar más partido en los momentos flacos.

Seguíamos descontándole kilómetros a la montaña. Bea aguantando como una jabata sus molestias en la rodilla. Admirable. Inquebrantable. Suso, Jesús, Carlos, un par de corredores que no conocíamos y que se nos unieron algunos metros, Celina con su eterna sonrisa y su optimismo a manos llenas, yo, feliz como una perdíz... acercándonos al objetivo. Según mis cálculos, cuando estábamos todavía por el kilómetro 16, las cabras mayores ya debían estar cruzando la meta. A esas alturas - 2h27' -, amigos como Belén, Miguel, Rafa el Tibu, Fernando, Rafa - mi Padrino de Maratón -, ya debían tener entre sus manos un buen vaso de caldo calentito. A nosotros aún nos quedaba para eso.

Yo no había puesto un cuidado especial en reservar fuerzas para llegar a meta como a mí me gusta, pero cuando empezamos a ver la cafetería de Somosierra allí abajo, empezaron a entrarme unas vibraciones especiales por todo el cuerpo, que sentí como se autoestimulaba por momentos. Y esto incluía las piernas, por supuesto. Mejor a esas alturas de lo que esperaba. ¡Bastante mejor!

Así terminaron mis "avispas". Llegaron a estar más "sucias" en carrera.
Qué bonitas unas zapatillas cuando terminan así de trabajadas. 

 ¿Y qué decir de la "cucaracha"?
¡¡Mirad cómo quedó la "cucaracha"!!

"¡Chicos, ya lo tenemos! ¿Véis aquello? Allí está el pueblo, la cafetería... ¡La meta!" - Celina se afanaba en mantenernos animados y firmes. ¡Menudo subidón que me entró al verlo! Calculo que serían unos dos kilómetros o algo más. Estábamos en el penúltimo descenso. Un descenso muy prolongado y muy pronunciado. De los que amí me gustan. Me lancé a tumba abierta. A mi estilo. Imperfecto y desgarbado, pero mío. Me adelanté unos metros a los demás compañeros. No pude evitarlo. Vi a lo lejos - muy lejos -, a un corredor con una camiseta roja, y lo puse en mi punto de mira. "¿Seré capaz? me pregunté. Y enfilé a por él. Me costó alcanzarle. No sé si me oyó venir, pero no hacía más uqe mirar para atrás. Y fui capaz. Le pillé y le adelanté en curva. intentó resistirse pero no pudo. Yo sí. Creí que una vez a su altura tendría que pararme porque venía un tramo de falso llano.Pero me encontraba en pleno subidón sabiendo cerca la meta. Atrás iba Celina con Suso, luego Bea, y Carlos con Jesús al que fue a rescatar unos metros antes. Se había quedado algo descolgado.

A la vuelta de un giro me topé con una nuva subida. Con esa sí que no pude. Era la puntilla. ¿Quién la pondría ahí? Me puse a caminara buen paso pero incapaz de más. Un subida muy larga pero de la talla suficiente para comerte la moral. Nos reagrupamos de nuevo Celina, Suso y yo. corrimos-anduvimos este pequeño repecho espoleados por el aliento de Celina. "¡Es la última, es la última!" Lo intenté pero no había piernas para más. El corredor de rojo seguía atrás condiferencia. Ese no nos iba a amrgar la llegada a meta. ¡De ningún modo! Otras pocas zancadas. Nada, que no había forma. Celina se adelantó algo a nosotros y se detuvo a esperarnos. Llegados a su altura, nos dio la noticia: "¡Por ahí, chicos! Ya todo es bajada hasta la meta. ¡Ahí la tenéis! Venga, ir delante." ¡Dios! ¡Casi me la como a besos! Apretón de manos de los tres, piernas que se activan de nuevo por si solas, y me lanzo sin paracaidas adelantándome un poco. Suso y yo juntos. ¡Es nuestra, tío! ¡Ya la tenemos! nos decíamos uno a otro. Zancada larga, alegre, fuerte, segura. Pisoteando la hojarasca, pisando con tiento un tramo encharcado y barroso que nos obliga a frenar lo necesario. Ya superado, vuelta al trote alegre. Abriendo los brazos para mantener el equilibrio y no llevarnos un disgusto con todo ya hecho. Olemos la meta. Me disparo de nuevo. A la vuelta de un recodo dejo de ver a Suso, pero sigo a más. Empecé faltándome aire y ahora sentía que me sobraba. Iba a poder entrar en meta como a mí me gusta. ¡Sí señor!

Llega el tramo de asfalto que lleva a meta. Miro atrás y sigo sin ver a Suso que entraría en meta con Celina. Me entran remordimientos por no esperarles, pero lo que menos me apetece en ese momento y que me perdonen Suso y Celina, era echar el freno para esperarles. Me sentía explosivo. Era mi momento. Último giro a la derecha, la locura. El arco de meta a la vista. Gritos de los compañeros que esperaban allí. ¡Qué ilusión! El Mister, Rafa, Fernando, todos... Y el momento de pasar el arco, para Oscar. Una mano arriba y otra al pecho a la altura del corazón, y el grito que me tenía reservado: ¡¡¡Oscar, va por ti!!! Y para Oscar ha sido esta carrera de montaña que muy probablemente habría corrido junto a Juanlu. Muy probablemente.

No hay dolor, sólo satisfacción. Pero no victoria. No siento que haya vencido a Somosierra. Si acaso me he hecho amigo de ella. Si acaso, me he vencido a mí mismo. ¡Sí! ¡He sido capaz!

Muy poquito después llegaban Suso y Celina. Abrazos, choques de manos, risas, satisfacción, ilusión... Después, entraron Jesús y Carlos.
¡¡¡Triunfo!!! 3h 20' +/- de montaña que me han enseñado mucho. Creo que he crecido un poquito más como corredor. Mi confianza ha ganado muchos enteros.Espero sacar provecho de esto, de todo lo vivido en esta carrera de aquí en adelante.

El colofón de todo, fue ver por fin a Belén recoger su Trofeo como 2ª  Clasificada en Categoría Femenina. ¡Qué emocionante fue aquello! Hice como seis fotos y me temblaba tanto el pulso que sólo estas me atrevo a poner, como las menos malas.







Mi gratitud a todos los que lo habéis hecho posible. A TODOS. Pero quiero destacar - y los caballeros me disculparán por ello -, la simpatía y el buen humor de una Bea inmensa superando sus molestias hasta el final. Una Bea que en determinado momento casi me hizo clavar las rodillas en tierra por sus chistes.  Y la luz, el buen hacer y el optimismo que puso en todo momento la gran Celina, a quien desde ese día declaro oficialmente como mi Madrina de carreras de montaña. ¡Tenías razon, Celina! Somosierra ha sido como me prometiste aquél día en La Hoya de San Blas. ¡Esto es especial! Me ha gustado y mucho. ¿Repetimos?

Mis disculpas por la tardanza en terminar de escribir esta crónica, que con los días que han pasado ya casi ha quedado desfasada. Tres días habían pasado desde que empecé a escribirla y esta noche, en que mi cabeza no me permite dormir por otras cosas, me he lanzado a terminarla de una vez por todas.
Prometí que habría crónica y aquí queda para siempre. Espero no haber aburrido. Mis crónicas son así. Trato de plasmar todo lo que siento cuando corro y eso me hace interminable escribiendo. Lo reconozco.

Siguiente parada... Medio Maratón de Moratalaz el 13 de Noviembre junto a la manada de cabras de Caprus y muchos más amigos. ¡Que no pare la música!

miércoles, 19 de octubre de 2011

I Canicross Benéfico de Rivas Vaciamadrid - La crónica.


¡¡Luna al lío!!

Hay experiencias en la vida que al vivirlas por primera vez, las hacen especiales y únicas. No sé cuántos maratones llegaré a correr, pero por más que sean, el Mapoma de 2010, siempre será único y diferente a los demás. Eso, aunque se diera el caso de mejorarlo en posteriores participaciones.

Lo mismo me pasa con los entrenamientos. Siempre recordaré de forma especial el primer entreno de series en cuesta realizado con Miguel en La Vicalvarada, con el que comenzaba a pisar el camino que me llevaría a Mapoma 2010. Lo recordaré siempre. Y hoy día cuando tengo ocasión de pasar por allí entrenando, siento que me invade algo especial.


 Foto de familia del Tri-Bautizo de la sección canina
del Club Atletismo Caprus.

Dicho esto, el Canicross de Rivas Vaciamadrid en el que tuve la fortuna de participar el Domingo junto a mis compañeros del Club Atletismo Caprus en su sección canina, Miguel y Carlos, junto a nuestros "niños", Kira, Ness y Luna, va a quedar prendido en mi interior, en mi memoria, con una chicheta dorada para siempre, y por muchos más Canicross que pueda disfrutar. Aunque hay una vocecilla en mi interior que me dice que cosas muy buenas están por venir en esta actividad.

En el calentamiento previo a la carrera.
Luna ya estaba más tranquila y más centrada.
Ya empezaba a saber para qué habiamos ido allí
y lo que tenía que hacer.

Al llegar a Rivas, ya estaban allí Miguel y Carlos. Por fin conocía a Ness. ¡Ya era hora!
La mañana empezó con muchos nervios de Luna. Era la primera vez que Luna se veía entre tanto perro. Estaba descentrada, perdida, no hacía más que mirarme como pidiéndome una explicación de qué era todo aquello. Como anécdota, puedo decir que estuvo a punto de desmontar el chiringuito tras la recogida del dorsal, que no fue nada fácil. No tenía manos para sujetar todo, arnés, correa, cartilla, las llaves, la perra, etc... Tiró uno de los cartelones y a punto estuvo de tirar una de las mesas. Parecía el caballo de Atila. Tratando de que la cosa no fuera a más, me aparté de todo el bullicio y me llevé de allí a Luna tras el control veterinario, para colocarle el arnés, y ya enganchada fuimos al coche a dejar los trastos inutiles y a correr unas cuantas rectas a la velocidad que ella quisiera para que se desfogara y se tranquilizara. Lo conseguí. Era lo que necesitaba.

 "¿Pero esto qué es?
¿Dónde me has traido?"

Control veterinario.

Previamente pude ver y conocer a Patricia, del Correcaninos. Luego ya me encontré con Yolanda - La Pingüina Veloz -, también del Correcaninos y su Lola. ¡Qué alegre me pareció esa perra! Tuve oportunidad de intercambiar saludo con Victor - Fernandez a la carrera -, que me reconoció. ¡Un saludo, Victor!

Entiendo que Luna estuviera muy despistada, porque a mí todo aquello me parecía superextraño y complicado. No sabía ni en qué orden tenía que hacer las cosas. El estado de nervios de Luna pasó a mí y consiguió que se apoderara de mí una extraña sensación de pena por ella. Pena porque me parecía que las cosas no iban a ir nada bien en esas condiciones. Más que pena, tristeza. Pero tras las carreritas que mencioné antes, vino el calentamiento junto a Miguel. Las cosas ya iban poniéndose en su sitio. Luna ya era Luna de nuevo.


Risas que escondían nervios en los momentos previos 
a la salida que se retrasó casi un cuarto de hora.

La espera para la salida se hizo eterna y volvieron a aflorar los nervios. Traté de apartarme a los puestos más atrasados. Los perros ansiaban echar a correr de una vez. Intuían que el espectáculo estaba a punto de comenzar. Esa jauría ladrando todos al mismo tiempo imponía respeto. Apenas nos podiamos oir cuando nos hablábamos Carlos, Miguel y yo.

 Foto de familia del Tri-Bautizo de la sección canina
del Club Atletismo Caprus.

 ¡¡ Salida !!

¡Y por fin la salida! ¡Dios, qué locura! Correas cruzándose. El traspies a la orden del día. Tropezones. Algunos perros enzarzándose, muchísimo polvo levantándose, y un caminillo muy estrecho que no permitía hacer muchas maniobras. Pararse era tan peligroso como intentar dar unas zancadas. Había poco márgen para el error. Llevé corto a Luna los primeros metros. Conforme nos ibamos alineando, la fui soltando. Ella ya lo pedía. No hizo falta instrucción alguna. Se puso a la tarea copiando lo que hacían los demás perros. Lo más dulce había comenzado. Esta parte ya nos la sabíamos bien los dos por los entrenos que ya llevábamos hechos semanas antes.

¡Al lío! Luna picándose con los perros que nos precedían. El primer kilómetro, trepidante, pero yo siguiendo el ritmo que imponía ella. Llevaba un galope precioso en el que yo me recreaba más que en mirar el terreno que pisábamos. Delante pude ver a Carlos y a Miguel durante bastante tiempo. Más que cuando corremos sin perros. ¡Normal! Nos salió el primer kilómetro en 5:07. Una locura para mí y más en un terreno como ese. "La cagamos" - pensé - "No tardaré en rajarme". y aunque traté de que no fuera así, me vi obligado a hacerlo. tenía que hacerlo. "Acordamos" un ritmo más suave y nos adaptamos bien a un trote más llevadero para mí. Bastante más conservador pero que me permitiría aguantar mejor lo que quedaba. No quería bajo ningún concepto, fallarle a Luna en su debut. Si algo salía mal, no quería que fuera por mi culpa. Jamás he hecho un cross y la fatiga aparece antes que en una carrera de asfalto. Al menos para mí.

No había hecho más que empezar a dejarme con la boca abierta. Se picaba con los perros de delante. No se conformaba con alcanzarlos, los sobrepasaba con una desvergüenza insultante. Gracias a ella me veía sobrepasando a perros que por raza y envergadura ya daban respeto. De todas las razas, colores y tamaños. Viéndola así, ¿qué pordía hacer que no fuera dejarla hacer? ¡Y venga adelantar a perros competidores! Y a estos con sus respectivos dueños, claro. Y yo dejándome llevar.

¡Qué de momentos más bonitos se pueden
vivir en apenas 5,2 kilómetros de Canicross!

Segundo kilómetro en 6:39. Bastante diferencia respecto al primero. Luna iba igualmente alegre. Con hambre de carrera. Poco antes, me alcanzó Yolanda con Lola. Se puso a mi nivel y ajusté mi paso al suyo sin intentar sobrepasarla. Era increible ver a Luna correr al lado de toda una Lola de aquella manera tan suelta y tan segura. Yolanda me comentaba que parecía mentira que fuera su primer Canicross.

Lola en Rivas Vaciamadrid
¡Menuda estampa la de esta "niña"!


Así llegamos al kilómetro 3 (6:10). Habíamos vuelto a apretar un poquito pero sin darnos cuenta. Todo iba como la seda. Poco después vendría el avituallamiento canino y humano. Ahí no me anduve con tonterías. La dejé beber lo que quiso. Era fácil suponer lo que lo necesitaba. Yo también bebí un vasito de agua. No quería más. Ya saciada, arrancamos con calma. El kilómetro 4 lo pagamos al precio de 7:39 pero bien lo valía. Tanto una como otro nos recuperamos bastante, así que decidí meter toda la carne que pudiera en el asador, y conseguir que Luna pasara bajo el arco de meta en campeón y con la misma alegría con la que empezó.

Sé que apretamos, ella su galope y yo mi zancada. Pero no fue suficiente para alcanzar de nuevo a Yolanda a quien no dejaba de ver delante. Al mínimo repecho que aparecía yo tenía que aflojar un poco y conmigo Luna. Dimos un último apreton en los 300 últimos metros ya viendo cerca la meta. Hicimos el último kilómetro en 6:01. Insuficiente, pero muy contento. ¡Los dos pasamos la meta contentos! Pero yo no estaba para nadie. Sólo para mi Luna. No tardé ni cinco segundos en sentarme en el suelo y abrazarla. Me la hubiera comido a besos allí mismo. Me echó las patas a los hombros. Yo creo que también ella me estaba abrazando. Ya de pie, la llevé a la fuente a que bebiera y se refrescara. La mojé la cabeza y ella se sacudió agradecida.

Carrera terminada. ¡Fantástico todo! Siendo lo de menos el tiempo, hicimos 33:21 para los 5,2 kilómetros. lo principal era pasar con nota las sensaciones de un primer Canicross. Y las sensaciones fueron buenísimas. Hubo un par de veces, siempre en bajadas pronunciadas en que me vi con mis huesos en el suelo. Por suerte no llegó a pasar. Queda por aprender sobre esos momentos tan delicados de la carrera, pero tacita a tacita, todo irá llegando.

Ahora tengo un motivo más para mejorar mi técnica de carrera y sobre todo mi resistencia, y no es otro que intentar estar a la altura de mi "niña". Quisiera que la próxima vez pudiera sacar esa raza corredora que lleva en sus venas y llevarla hasta la meta sin depender de lo que yo fuera capaz de resistir.

Los Tres Mosqueperros de Caprus nos hemos puesto en marcha. Con eso me quedo. Ha sido tremendo vivir esta experiencia con mis amigos caprusianos. ¡¡Esto no ha hecho más que empezar!!
Ahora ya puedo gritar... ¡¡¡Ya soy canicrossero!!! ¡¡¡Aupa Caprus!!!

<><><><>C<>A<>P<>R<>U<>S<><><><>

Los miembros de Canicross - Caprus participantes en el I Canicross Benéfico de Rivas Vaciamadrid celebrado el 16 de Octubre de 2011, quedaron clasificados de la siguiente forma:
Miguel Rodriguez Sánchez MASTER 40 con Kira 27'22"98   
Pto. Gral. 26 Pto. Categoría
Carlos Siguero Iglesias MASTER 40 con Ness 29'50"18  
Pto. Gral. 32 Pto. Categoría 8º
José Carlos Ojeda MASTER 50 con Luna 33'28"45  
Pto. Gral. 48 Pto. Categoría 4º

 <><><><>C<>A<>P<>R<>U<>S<><><><>


Mi lema siempre va a seguir siendo disfrutar de todo lo que hago, aunque en ocasiones los resultados no acompañen, pero siemrpe con la esperanza de que algún día lo hagan y entonces... entonces esto será la leche en polvo.

Por cierto, ha sido mi segunda alegría deportiva de la semana. La primera fue que mi hija Ana Isabel superó la prueba de resistencia el Viernes pasado. ¡Sacó un 10! No hubo tercer entreno en El Retiro, por la huelga de profesores, pero tampoco hacía falta. Tenía el tranquillo bien cogido.

PD: Perdón por el retraso en la redacción de esta crónica. Ojalá que la espera haya merecido la pena.

lunes, 9 de mayo de 2011

I Carrera Solidaria Menudos Corazones - Hortaleza


(Breve anticipo)

Bajo ciertas circunstancias, hay resulados que no pueden ser tomados como malos, sino incluso hasta como muy buenos.
59':58" por mi crono. Compañía inmejorable de las Gacelas hasta casi el K4.
Menudos Corazones + menudos cuestones = dura de co...razones.
Contentísimo. Muy, muy contento.


Curioso el dato. Mientras a las Gacelas les salen en sus Garmin 300 metros de más, a mi el Polar me quita casi 500. Prometo que no atajé por ningún sitio. Yo no soy de "matar" esquinas. Miguel lo sabe bien.


Lo de ir sin dormir, no lo puedo poner como excusa para no haberlo hecho mejor. No es la primera vez que lo hago y no puede ser excusa. Pero sí me recrimino para no haberlo hecho mejor el ir desde la salida con las Gacelas a 5:30 más o meno ...s, los 4 primeros kilómetros. Parecía que tenía piernas para ello, pero en el K4, la primera cuesta me ha dicho: "¡Hasta aquí, Morgan!" Y me he desinflado como un globo. Luego todo ha sido batallar y tratar de recuperarme hasta el K7. A partir de ahí le he vuelto a dar caña a las zapatillas y he pulido los dos últimos a 5:35.

Conclusión clara, la de 5:30 no es velocidad de salida para mí. Y menos en una carrera como esta. Pero no pierde el que pierde, sino el que no lo intenta. Y hoy yo quería intentarlo. Gacelas, un placer compartir esa sabána con vosotras. Ya repetiremos.

Lección aprendida: Hay que seguir trabajando la fuerza.

viernes, 1 de abril de 2011

Mi Medio Maratón de Coslada.



27 de Marzo de 2011.

Mi primera carrera oficial del año. Para colmo, incluida en el circuito de un Mapoma al que este año no podré asistir. Lo tengo descartado desde hace semanas. Pero ese es otro tema.


Una de las certezas que extraigo de esta carrera, es que espero poder seguir teniendo fuerzas para tirar de épica en otras carreras como lo he hecho en esta. Una carrera que para mayor satisfacción mía, es una de las medias más duras que hay junto con la de Fuencarral. Primero me la pintaron como bonita, piqué y me apunté. Luego, me dijeron: “Un, dos, tres, despierta… Despierta porque esta carrera no es así, es asá…” Y doy fe de que en mis carnes llevo la huella de que es muy asá… Pero no hay dolor. Otras cosas duelen más. Prefiero ver esta carrera como una muesca más de experiencia.

Vamos con la crónica de mi carrera. A ver si consigo no liarme demasiado.

08:45 Hace más de hora y media que estoy en pie, pero alguna que otra sábana de mi tropa se pega más de la cuenta. Aviso a Miguel que no voy a poder llegara a tiempo para la foto de familia. ¿Cuándo llegará el día que yo pueda hacerme una de esas? Los efectos del cambio de hora de esa misma noche se hacen notar.

09:40 Aún no he llegado a Coslada.

09:45 Llego a Coslada, pero el GPS me juega la mala pasada habitual de desorientarse. Siempre lo hace en los momentos más inoportunos.

09:55 Tras “reubicarse” consigo aparcar en una gasolinera próxima al Monumento a la Mujer y muy cercana al Polideportivo.

Esprinto para bajar del coche y guardar con ayuda de mis hijas la ropa sobrante en el maletero, quedándome nada más que con la indumentaria para la carrera. A sugerencia de mi hija mayor, me escapo esprintando hacia el Polideportivo. Veo a la mayoría de corredores colocados en línea de salida. Todavía hay algunos calentando. Esprinto dos veces hacia la Secretaría en busca de mi chip. La primera, me tengo que dar la vuelta porque la reja me cierra el paso. A la segunda, consigo llegar a Secretaría y recojo el chip. Me lo coloco y esprinto escaleras abajo. Al salir a la calle, veo pasar a los corredores que ya han tomado la salida. Resignado, ya no esprinto más. El calentamiento ya está hecho. Troto tranquilamente hacía el arco de salida. Hay quien me sugiere que sale la valla y me meta en el pelotón. ¡No saben a quién le están diciendo eso! Yo que tengo por norma no “comerme” ni una esquina en carrera alguna, y que me revienta ver a quienes lo hacen… ¡Esos "mataesquinas"!

Consigo llegar al arco de salida y oigo a mis hijas que me gritan a mis espaldas. Acaban de llegar. Las tiro un beso y las doy el teléfono que me quedé en las manos con las prisas. Paso el arco, pico el crono y me despido. Estamos en carrera…

Salida. – Veo sin dificultad a los últimos del pelotón de cola y a dos globeros con camiseta amarilla que cierran la carrera. Tras ellos, la ambulancia. Me sacan unos 400 metros. Desde la primera zancada, decido hacer totalmente mi carrera sin presiones de ningún tipo.

K1. – Poco antes adelanto a la ambulancia.

K 1’5 – Alcanzo a los globeros, me quedo con ellos un rato y los rebaso también. Uno de ellos porta el globo de 2h10’. Me gusta la referencia y me lo creo.

K2 – Poco después de rebasar a los globeros, adelanto a unos pocos corredores. Viéndome ahora acompañado, decido clavar el paso que llevo. No voy mal.

K4 – La alegría dura poco. Los globeros me alcanzan y me rebasan. ¿Algo va mal y no me he dado cuenta? Porque yo no me siento tan mal como para que me ritmo haya bajado. Voy a paso constante, o eso creo.

K5 – Primer avituallamiento. No dudo en caminar unos pasos para beber unos tragos. Ya me he comido algunas de las primeras cuestas y tampoco ha ido mal.

K8 – Hasta aquí consigo no despegarme de los globeros más allá de 150 – 200 metros. Al poco, el globo de las 2h10’ es el que despega. Imposible seguirlo. Sobre todo porque el despegue es en vertical y no está uno para esos vuelos. Se ha desatado y vuela hacia las nubes.

K9 – El kilómetro que me mató – Me mató la moral y las ganas. Mi minó brutalmente la alegría que llevaba. ¿Por qué? Fácil de entender. En un giro a la izquierda, yo no veo las marcas azules en el suelo y sigo recto. Lo hago, y veo una subida descomunal, me cierro en banda y tiro para delante con el propósito de subirla de un tirón. Me animo: “Si puedo con esta, puedo con todas”. Tendría unos 300 – 400 metros. Y puedo con ella. ¡Vaya que si puedo!

Desde bastante antes de llegar arriba, veo a un voluntario con el chaleco fosforito. No dejo de mirarle en vez de clavar la mirada en el suelo, y le tomo como referencia de lo que me queda. Pero al culminar la subida y llegar a su altura, me dice el tío… “Por aquí no es la carrera”. “¿Qué?” - le pregunto incrédulo. Paró en seco y le hago repetir. “¿Qué dices?” Y escucho esto: “La carrera es por allí abajo” Me señala por donde he subido. Ristra de lamentos malsonantes por mi parte. Vuelvo la vista y veo al último corredor que ya me tiene fichado, haciéndome señas con los brazos. Respondo a las señas y hecho cisco, me dejo caer cuesta abajo sin prisa alguna…

¡Demonios! No había nadie que me dijera en ese giro que iba mal. Ningún voluntario que me indicara nada. Me despisté, de acuerdo, pero ese voluntario que había al final de la cuesta tampoco hizo ninguna señal que me pusiera alerta. Y yo no lo perdí de vista en ningún momento. Esperó a que llegara a su altura para darme la alegría del día. Bajé la cuesta dándole vueltas y más vueltas a todo esto en mi cabeza. Hasta ese momento, incluso hasta el K10, habían ido cayendo los kilómetros con mucha comodidad. En pocas palabras me sentía muy entero.

K10 – Para cuando llego a él, he perdido más de tres minutos respecto a los kilómetros anteriores. Lo paso en 1h05’ menos unos segundos.

Retomado el buen camino, viendo tan lejos a los que yo había tenido detrás, y no alcanzando a ver a los globeros, me vence cierta dosis de desmotivación.

K11 – Tras de mí sólo veo a un superveterano que va escoltado por la ambulancia. Vienen cuestas y más cuestas. Cortas, pero con giros muy cerrados. Me dejo caer y ajusto el paso hasta ser alcanzado por este superveterano. Nos damos la mano y me dejo arropar por su experiencia. Se ve que la tiene. Ya me da igual lo que tarde en terminar. Sólo tengo clara una cosa y es que la voy a terminar.

Establecemos conversación y van cayendo datos. Creo que me dijo que tenía 65 años. Se llamaba Antonio y estaba corriendo con la intención de no hacerla entera, sino de acumular kilómetros, porque venía de una lesión de gemelos muy latosa y no quería forzar. Va a 6:30 y me parece bien para las ganas que llevaba. Dice que me llevará hasta el 18 más o menos, donde él se retirará.

“Verás cómo nos comemos a alguno al que le flaqueen las fuerzas antes del K16” – me dice dándome esperanzas. Yo prefiero dejar que los kilómetros vayan cayendo y no agarrarme a cálculo alguno. Ya no me entonan ni los geles, aunque me reservo uno para el final.

K 12 – (Más o menos) – Encuentro con el Míster (Miguel) en plena recta donde se cruzan los que van con los que vienen. ¡Y cómo venía! Yo le veo venir de lejos. Él no me ve hasta que me tiene encima y le extiendo una mano para chocarla. Venía como un misil… ¡Qué potencia, Dios! ¡En moto venía hacia mí. Da gusto verle. No nos decimos ni una palabra. No hace falta, sólo nos sonreímos.

K14 – El kilómetro de la puntilla – Se nos acerca a Antonio y a mí la ambulancia y nos dice el conductor que estamos descalificados y fuera de carrera desde ese momento. Nos miramos incrédulos. Le hacemos repetir al conductor y no sentimos otra cosa que indignación. ¿Pero qué es esto? ¡Que estamos casi en el K15! Vemos que contacta con alguien por radio y seguimos. Nos vuelve a alcanzar y nos da el recado: “Me comunican que si siguen es bajo su responsabilidad”. Antonio y yo nos miramos. Antonio no dice nada, pero mi respuesta es inmediata. “Puede ser que me terminen faltando las fuerzas, pero responsabilidad me sobra. Gracias, pero sigo”. Miro a Antonio, asiente con la cabeza y añado: “Seguimos”. “¿Siguen?”. ”Seguimos” – le contesto con seguridad. Nos desean suerte y nos rebasan. Ahora estamos solos y el tráfico va abriéndose. Tratamos de seguir lo más a la derecha posible intentando no estorbar a nadie.

K18 – Ya hace un rato que Antonio se ha despegado de mí y le sigo a unos 100 metros más o menos. Nuevas cuestas se me clavan en las piernas como puñales. En algunos momentos seguimos viendo a la ambulancia delante de nosotros. Tampoco se ha distanciado mucho. Al paso que va, suponemos que van tras algún otro corredor rezagado.

Antonio se retira, nos despedimos y me quedo solo. No es problema. Siempre entreno solo. Pienso en mis hijas que me están esperando en meta. A saber si a lo mejor preocupadas de no verme llegar… Decido marcarme un objetivo para terminar. Y no es otro que alcanzar a la ambulancia y rebasarla. Con eso me daba por satisfecho. Tenía menos de tres kilómetros para conseguirlo.

K19 – Me sorprendo al ver que los policías que me voy encontrando, lejos de sacarme de la carrera, me animan e incluso paran el tráfico algunas veces para facilitarme el paso. Me siento culpable y espero que en algún momento me hagan subir a la acera. Pero esto no ocurre y sigo pateando asfalto. Imprimo un trote medianamente alegre al ver tanto llano por delante y me parece que la ambulancia está cada vez más cerca. Le piso los talones.

K20 –Al ver esta pancarta casi me paro a darle un beso. Los policías siguen animándome a continuar.

En un giro, veo algo que me motiva más. Es la espalda del que debe ser el último corredor que llevo delante. Y que se esconde delante de la ambulancia. Nueva referencia tomada. Pero no lo veo como un rival, sino como un compañero de sufrimiento. Es el mismo que me hizo señas con los brazos en la calle en la que me equivoqué. Viste un cortavientos negro.

Veo delante de mí una recta llana y larguísima aunque estrecha. “¿Me la juego?” – pensé. Y mis piernas contestaron que sí. Rebaso a la ambulancia por la izquierda y sin poner intermitente. Me hubiera gustado fijarme en la cara del conductor reflejada en el retrovisor. Me lo perdí. Apreté un poco más y alcancé al corredor colocándome cerca del bordillo. Le saludo, se sorprende al verme y me sonríe como puede. “¡Lo conseguiste!” – me dijo. “Por supuesto” – le contesto también sonriendo. Le animo estrechándonos la mano. “¡Vamos, que la terminamos!”

“Uuuuufffff… no sé yo…” – me contesta. Va exhausto. Con las justas para terminar. Vamos a la par unos metros. Unas decenas de metros y veo el último puente. Ahí hay gente que aplaude. No quiero aflojar y me despego un poco del compañero. Un voluntario me acompaña en la subida del puente y me indica lo poco que queda para la meta. Unos metros por detrás de mí, otro voluntario acompaña al otro corredor. En esto, le oigo decir: “No sé si voy a llegar…” Me vuelvo y le grito “¡Vamos! ¡Si yo llego, tú llegas! ¡La tenemos! ¡Vamos, que es nuestra!” – Como puede me sonríe.

Últimos doscientos metros. Pego un tirón de los míos. Esos tirones con los que a mí me gusta terminar las carreras. No creía que podría hacer eso a esas alturas, pero siempre se puede. Ya no valía para nada, pero… al ver a mis hijas en la esquina de la recta final… me salieron alas en los pies. Las tiro un par de besos y aprieto más aún. Vuelvo a decir que ya no valía para nada. El tiempo conseguido era indecente. Pero era mío. Es lo que yo valgo ahora mismo como corredor. No hay vueltas que darle. Pero había terminado. Objetivo logrado.

Meta – Paso al arco de Meta bajo un reloj que indica 2h20’ y unos segundos. Paré el crono e inmediatamente me di la vuelta y fui a buscar al compañero. Estaba deshecho. Le aplaudo y nos sonreímos. Le cojo de la mano. Corremos así sus últimos 50-60 metros hasta pasar bajo el arco de Meta. De inmediato se me olvidan las penurias y las amarguras que haya podido pasar en la carrera. Estos metros finales bien lo han valido. Ha sido una de las entradas en meta más bonitas que pueda recordar siempre. Nos fundimos en un abrazo e incomprensiblemente parecemos hasta felices. Yo creo que lo estamos. Nos lo hemos ganado sufriendo lo que hemos sufrido.

Pero esta vez me quedé sin saber cómo se llamaba mi compañero de sufrimiento. Sin embargo, creo que si le vuelvo a ver, le reconoceré. Por lo menos si conserva esa barba que llevaba.

Y esta fue mi carrera. Corrí el mismo día y en el mismo lugar que mis compañeros del Caprus. Pero la mía… fue otra carrera. Mis expectativas iban por hacer 2h15’ en el mejor de los casos. Me alejé cinco minutillos de ello. No tengo en cuenta el tiempo perdido en la confusión porque no es significativo. A lo mejor sin confundirme hubiera sido igual.

Digamos que marca fue una doble U-C. Último de Caprus – Último de Coslada. Pero con honra. No me rendí. Un Caprus no se rinde nunca.

Me molestó y me dolió la descalificación en el K14. Es la primera vez que me pasa algo así. Y eso sí que me cuesta entenderlo.

Pero me quedo con esto: He doblegado al Medio Maratón de Coslada. Es más de lo que puedo decir del Medio Maratón de Moratalaz en Noviembre pasado. Antes del K5 supe que no estaba para hacer más de 10 y en el K10 lo dejé. En Coslada no. Y amigos… Coslada es Coslada.


Algo después vendría la carrera de Miriam. Eso sí que fue especial. Se la veía feliz. Por algo hablé antes de su carrera que de la mía.


"¿Cuándo es la próxima, papá?" - me preguntó al terminar.