La mañana de carrera terminó más luminosa y alegre que como había empezado.
Empecé por despertarme una hora más tarde de lo previsto. El despertador estaba atrasado justo una hora. Cuando abrí el ojo, “eran las 7:00”. Al mirar el reloj en mi muñeca, entonces sí que me desperté. ¡Eran las 8:00. Qué bote pegué en la cama. Tampoco importaba mucho. Podía llegar bien a la cita de la foto de familia, pero no me podía entretener. Lo que más me preocupaba era aparcar. Al final esto fue lo que me estropeó la llegada a la cita. Desesperante la media hora que me llevó aparcar. Me dio muchísimo coraje.
Conseguí contactar por teléfono con el Mister. Ya estaba calentando. A Jan no le localizaba. Ya me veía corriendo solo toda la carrera. Recogido el dorsal y volviendo al coche, me encuentro con Quique. Más tarde intenté cambiarle mi talón por sus piernas pero no hubo trato. En un momento determinado, me señala a Jan que está cerca calentando y acompañado de Tania y de Risco, a quien por primera vez tuve el placer de conocer y saludar. Me cambio en el coche de Jan que está más cerca que el mío. Quedaba el tiempo justo de semicalentar un poco y ponernos en la salida.
En la línea de salida, estábamos bajo un feo cielo gris plomizo que amenazaba con una lluvia que finalmente no descargó. Pasamos de las sombras a las luces en el transcurso de la carrera al abrigo de una temperatura genial para correr. Me alegré varias veces de haberme dejado la braga y la segunda camiseta en el coche. Ni guantes ni nada. Todo me hubiera sobrado. Con la camiseta de manga larga de la San Silvestre tenía bastante.
Es la primera vez que me enfrento a esta distancia en muchos años. Los Medios Maratones de Moratalaz que llevo hechos, quedan muy atrás en el tiempo y no cuentan. Esto es como empezar de nuevo y como si nunca hubiera corrido un Medio Maratón. Pero aún así no me encuentro nervioso. Nada nervioso. Se lo comenté a Tania minutos antes del pistoletazo de salida.
Nos colocamos en la parte final del pelotón de corredores. Allí conozco por fin a Sonia y a su padre, Satur. Hablamos de planes de carrera. Lo que quiere hacer Sonia se ajusta como un guante a lo que yo tengo que hacer por mandato del Mister. 7 primeros kilómetros a ritmo de rodaje, los 11 siguientes a ritmo de potencia aeróbica y los 3 últimos, si las fuerzas estaban ahí para ello, al tope que se pudiera llegar pero siempre terminándola.
Sonia hablaba de ir a ritmo de 6’ y yo quería hacer los primeros 7 incluso un poquito más flojos para tener garantías de cumplir con el resto. Decidí quedarme con Sonia. Sonó el pistoletazo de salida y empezamos a movernos. Sonia y yo, a nuestro ritmo desde ese momento y viendo la espalda de Jan, Tania y los demás durante bastante tiempo a pesar de ello. Apenas unos metros nos separaban.
A la altura del K 7, ya me lo comenta ella: “Me parece que te vas a quedar sin compañera de carrera” me dice con un hilillo de voz. La propongo ir más despacito por un tiempo. Vamos 6:29. Aún así no encuentra el alivio que necesita. No puede. Nos adaptamos al paso que llevamos que tampoco es malo. Sonia no habla corriendo. Yo tampoco lo hago mucho. En silencio y escuchando nuestros pasos llegamos al K 10. A una media de 145-155px’. Poco antes de llegar a él, nos doblan las gacelas de la carrera que pasan como si acabaran de robar un bolso y huyeran de la policía.
K 10. Nuevo avituallamiento en el que me quedo con la botella hasta el final de la carrera. Quiero aprender a correr con ella en la mano y echar algún trago de vez en cuando, intentando no parar para hacerlo. Aunque sean pocos sorbitos. Tenemos a la vista un aviso de que hay un fisio en este kilómetro. Insisto a Sonia para que paremos a que la vean pero se niega. Pasamos el K 10. Veo peor a Sonia y siento impotencia por no poder hacer nada. La veo y me veo a mí mismo cuando me he encontrado en alguna de estas.
Atrás quedaba el momento en que yo me debería haber despegado para hacer los deberes. “¡Que le den a los deberes!” pensé. Ya arrancaré más adelante. Pero los kilómetros iban pasando y aquello no mejoraba. Al revés. Mi espíritu competitivo salió a relucir. Nos adelantaban corredores – sin desmerecer a nadie -, que me daba rabia que nos adelantaran. En condiciones normales no lo hubieran hecho.
Llegamos al K 12. Sonia se descuelga definitivamente. Se planta. No puede con su cuerpo. Fui con ella 12 kilómetros y hubiera ido otros 12 si hubiera hecho falta. Me pareció más importante estar junto a ella, que la carrera en sí y el resultado. Simplemente elegí entre una cosa y la otra. Ya lo hicieron por mí alguna vez el año pasado y ahora me tocaba a mí hacer ese papel.
Nos paramos. “Aquí me quedo”. No sé qué decirla. Ahora además de impotencia siento rabia pero trato de que no lo vea. Sólo trato de animarla. Me dice que cerca de allí está su madre y que se va para allá andando. En la meta nos veremos. Me sabe mal. Muy mal aquello. Llegado el K 7, no me fui porque me sabía mal dejarla así, pero dejarla en el K 12, no me supo mucho mejor. Pero no quedaba otra. Sin mirar atrás me puse en marcha. Empezaba mi guerra.
Pero no me había dado cuenta del error que cometí en el K 13. Cuando dejé a Sonia ibamos a 6:49. En hacer el K 13 pasé a 5:37. Un cambio demasiado brusco como para no pagarlo más tarde. Debía de haberlo hecho más progresivamente. Los kilómetros iban cayendo bien uno tras otro, pero mi ritmo iba disminuyendo. Llegué al K 18 a una media de 5:47. Iba bien, pero el siguiente cambio no iba a ser posible. Al menos no en el grado necesario. Y así fue. Me fui hasta los 5:51 de media. No hubo forma de cambiar de marcha. Y eso contando con que los dos últimos kilómetros eran en generosa bajada. Alcancé 172px’ pero porque me marqué un sprint final de los que a mí me gustan llegando a meta.
Un momento antes de entrar en la pista del Polideportivo Juan de la Cierva, pude ver a Miguel que me esperaba. ¡Qué cara tenía! Yo iba riendo porque unos metros más atrás acababa de ver a los amigos del GGM. Me paré y todo porque Claudio me lo pidió para hacerme una foto. Entrar en los estadios para llegar a meta es algo que me alegra mucho. Me da chispa.
No sé el tiempo que hacía que terminaba
Ahora, por un correo que me ha enviado Jan, sé que hay una grabación de esa llegada a meta. Si puedo la colocaré por aquí como recuerdo. ¡Lo que me he podido reír al verlo! Es rara la foto en la que me gusta verme corriendo. Soy el corredor menos elegante del mundo. Lo digo en serio. Con mi estatura y mis piernas que parecen látigos, soy lo más desgarbado que se pueda echar a la cara. ¡Pero verme en vídeo corriendo ya supera a lo de verme en una foto! ¡Qué horror! ¡Pero si voy haciendo eses! Podrían haberme descalificado por echar al rival contra el público, jajajaja… ¡Qué momento!
En resumen, me quedé muy contento. Esto significa un subidón muy importante para mí. No hice bien los deberes, pero completé una carrera de 21 kilómetros que me ha dejado muy buen sabor de boca. Tiempo oficial: 2:08:05. Una media de 6:05 el kilómetro. Lo pasé bien en todo momento. Ningún agobio. Manejando el ritmo y las fuerzas a mi antojo. Regulando bien en general, sin hacerlo bien donde mejor lo tenía que haber hecho, pero eso es otra lección aprendida para la siguiente carrera. Con lo que me quedo es con que me vi muy dueño de la situación.
Para ser el primer Medio Maratón que hago en muchos años, tengo que ver el resultado como muy positivo. En honor a la verdad, no es que me sobraran los dos últimos kilómetros, es que no tenía de donde sacar para hacerlos mejor de lo que los hice. Al menos con el sprint final me saqué la espina. El próximo irá mucho mejor. Seguro estoy de ello.





